Opinión: Juan Carlos Sánchez

Nos enfrentamos a un texto con título inquietante –y digo inquietante por el resabio terapéutico que nos impone de entrada. Recorremos entonces las primeras páginas con cierta cautela, atentos a evitar sermones infestados de moralina, pues no estamos habituados a que nos digan lo que tenemos que hacer. Sin embargo, nuestras expectativas se desbaratan cuando nos percatamos de que Carlos Tirado, protagonista del relato inicial “The Biid show”, se encuentra en un alucinante programa de concursos televisivo cuyo premio mayor es la amputación de un miembro. Cualquiera que escoja el afortunado concursante. Con un estilo nada pretencioso, períodos cortos y lenguaje directo, Moreno logra captar nuestra atención gracias a un argumento que raya en lo absurdo, aunque para nuestra sorpresa tematice un desorden psíquico real (busque en Google). Los diez cuentos restantes siguen el mismo carril y ya nos hemos dado cuenta de que no hay moralina, ni sermones, ni ambiciones infructuosas de psicoanalista. Solo la intención de mostrar a personajes consumidos por las circunstancias, fisurados, que acarrean la herida traumática provocada por una madre castradora (que aparece con insistencia en varios relatos), por el abuso, por la sociedad apabullante, por el poder angustioso de los medios masivos de comunicación. Moreno logra conmovernos en ciertos momentos, como ocurre en “Isla Sofía” o en “El juego de la Biroca”, poniendo ante nuestros ojos las fantasías de personajes errabundos en su propia soledad. Otras veces busca nuestra sonrisa, desplegando una fina ironía que alcanza su mejor momento en “Sinceros deseos”, o simplemente hiperbolizando una situación cotidiana como es el caso de “El fantasma de Mocid”. Incluso se permite presentarnos su visión sobre el control social que ejercen los mass media en un relato que huye de las metáforas y que roza expresamente el manifiesto en “Medialómanos”. La lectura de Cuentos que sanan es fácil, rápida y algo vertiginosa cuando el autor ensaya pericias formales como en “Fatality” o “Bocado”. Se trata de un texto limpio a nivel formal, sin redundancias excesivas ni ripios gramaticales, y por supuesto entretenido (característica a la que debiera dársele un mayor valor en ciertos círculos literarios). Aunque adolece en varias ocasiones de cierta premura en concluir los acontecimientos, o de un exceso de laconismo que retrasa la comprensión de la historia, la ópera prima de Mario E. Moreno refleja a un escritor posicionado en una temática definida y anuncia un estilo que promete depuración. Al concluir el volumen, por cierto, persiste una interrogante: ¿cómo sana Cuentos que sanan? ¿Dónde está ese valor terapéutico que el título anuncia? La respuesta se encuentra en el principio básico de la psicoterapia: los síntomas desaparecen cuando se logra despertar con claridad el proceso provocador, cuando se consigue darle expresión verbal al afecto traumático que los ha generado (lo dijo Freud al principio de su carrera en “Estudios sobre la histeria”, 1893). ¿Y qué son los relatos de Moreno sino la verbalización de ciertos fenómenos psíquicos, un intento por hacernos conscientes de los desórdenes más comunes de nuestra sociedad actual, un llamado de atención respecto de aquello que sucede indefectiblemente a nuestro alrededor? Estos relatos sanan porque profundizan en la posible etiología de ciertos síntomas que acaso al lector le resulten ajenos o indiferentes. Mario Moreno tiene muy claro el objetivo y por ello se cuida bastante de las actitudes megalómanas que solemos identificar en ciertos terapeutas. Este es, sin lugar a dudas, su gran acierto.

Juan Carlos Sánchez
Doctor en Literatura